Levantamiento del existente, verificación estructural y reconstrucción por fases habitables.
Intervenir lo construido es más difícil que construir de cero, porque parte del proyecto está escondido. Levantamos la edificación existente, verificamos su capacidad estructural y solo entonces decimos qué se tumba, qué se refuerza y qué se conserva.
Cuando la casa está habitada organizamos la obra en fases: se trabaja por zonas para que la familia pueda seguir viviendo en el resto mientras avanza el proyecto.
Decir con precisión qué queda fuera es la única forma de que el precio signifique algo. Lo excluido se puede cotizar aparte, pero no aparece sorpresivamente en una factura.
Lo que hay hoy, medido y dibujado, incluidas instalaciones detectables.
Qué resiste, qué necesita refuerzo y qué conviene demoler.
Secuencia de trabajo para no comprometer lo que queda en pie.
Espacios reconstruidos, instalaciones nuevas y pruebas hechas.
Cada fase termina con un entregable y tu aprobación por escrito antes de seguir.
Visita técnica, calas puntuales y levantamiento medido del inmueble.
Qué se conserva, qué se cambia y cuánto cuesta cada escenario.
Trabajo controlado, apuntalado donde toque y estructura corregida.
Instalaciones nuevas, acabados y entrega por zonas.
En la mayoría de los casos sí, trabajando por zonas. En remodelaciones que tocan estructura o instalaciones generales hay semanas en que no es recomendable.
Porque es un trabajo técnico en sí mismo y porque sin él cualquier presupuesto es un número inventado. Si contratas la obra con nosotros, se abona al proyecto.
Se detiene, se documenta con fotos, se cotiza el refuerzo y tú decides. Nunca aparece en la factura sin que lo hayas aprobado.
Cuéntanos el terreno o el inmueble y el uso que quieres darle. Te enviamos alcance, plazo y honorario por escrito.